Por Gabriel Fernández *
Hace tantos años ya, al conocerse el “escándalo” suscitado por un representante comercial argentino en el exterior y ventilado por el diario La Nación, don Arturo Jauretche planteó y pidió a sus compañeros tomarse un rato, aprovechar la criolla costumbre de tomar mate y disponer de un espacio interno reflexivo para preguntarse: ¿y esto? ¿de dónde sale? ¿a quién beneficia? ¿a quién perjudica?
En aquél entonces, el funcionario –según la información vastamente difundida- había protagonizado, borracho, un penoso incidente en un tugurio impresentable de la India. En vez de quedarse con esa narración, el sagaz polemista indagó. Días después, tuvo otra información: el involucrado estaba en colisión comercial con Gran Bretaña por defender la exportación de productos textiles argentinos en un mercado que los ingleses consideraban propio y exclusivo.
